A lo largo de la historia, el
hombre, se ha cuestionado el sentido y fin último de
la vida, de la existencia, del tiempo, del amor, del
bien y el mal, y también de la sexualidad. Sobre todo
pareciera que últimamente, más que cuestionarse otras
cosas, se cuestiona sobre la sexualidad. Basta con ver
los espectaculares en las avenidas, los comerciales en
televisión, abrir cualquier revista y encontrar algo
sobre la sexualidad. Desafortunadamente no buscamos
información sobre sexualidad con el Creador de la
misma, sino con otros aprendices que sólo tienen
“verdades a medias”, por no decir “mentiras
completas”. Que incluso nos hacen pensar que Dios no
tiene nada que ver con la sexualidad y creemos que
“otros” pueden tener una mejor explicación de la
misma.
Pero no es así, podemos ver actualmente dos posturas
extremistas y equivocadas sobre la sexualidad:
1. En un extremo se encuentra la postura hedonista y
utilitarista en donde el único objetivo es satisfacer
los impulsos y los sentidos, lo más importante es el
placer y la gratificación física, y el que YO me
sienta bien. Lo más grave de esta postura es reducir a
las personas a simples objetos sexuales y medios de
bienestar.
2. En el otro extremo nos encontramos con la postura
que ve la sexualidad como un tabú, como algo que causa
vergüenza, que es sucio e indigno, y que solamente se
puede tolerar, para la procreación, algo así como un
mal necesario.
Ambas posturas son equivocadas, ya que la concepción
RECTA DE LA SEXUALIDAD (por llamarla de una forma), es
la que la da su justo valor como un don de Dios, dado
al hombre para hacerlo co - partícipe de la creación
por medio de la fecundidad que surge de la entrega de
amor esponsal entre el varón y la mujer.
La sexualidad va de acuerdo con el plan de Dios cuando
respeta sus dos fines: UNITIVO y PROCREATIVO.
- UNITIVO:
es decir, cuando la sexualidad es un medio para
expresar amor. Por ejemplo los esposos cuando
ejercen su sexualidad, es un acto de entrega y por
tanto es bueno y lícito, que gocen del placer que la
relación sexual conlleva. De hecho este placer
físico también es una capacidad que Dios ha dado al
hombre y que tiene como fin la unión de los esposos.
- PROCREATIVO:
quiere decir que estar abierto a la vida. Tener la
conciencia de que el amor en si mismo es fecundo.
En este sentido la sexualidad
en sí misma no puede considerarse como algo “malo”,
por el contrario, desde su origen proviene de Dios y
por naturaleza es BUENA; incluso por estar unida a la
fecundidad podríamos llamarla sagrada. Sin embargo, no
debemos olvidar el hecho de que por la naturaleza
caída del hombre y como consecuencia de pecado
original, la sexualidad cuando no es correctamente
entendida y no está encausada e integrada en el amor,
puede llegar a convertirse en una ocasión de pecado,
es decir, puede lesionar la relación de amor entre
Dios y el ser humano. Pero vale la pena recordar que
aunque “la carne es débil” todo hombre posee la
facultad de la libertad, la voluntad y la inteligencia
que le permiten vivir la sexualidad conforme al plan
de Dios.
Si tenemos alguna duda sobre el plan de Dios para la
sexualidad, podemos tomar como guía el sexto y el
noveno mandamiento de la ley de Dios, para que de esta
manera descubramos que la sexualidad es parte de
nuestra naturaleza, es una forma de ser persona y que
el acto sexual, exclusivo del matrimonio, es un regalo
de Dios para el amor, que por si fuera poco lleva
implícito el don de la fecundidad. Por lo tanto, la
sexualidad es BUENA por que nos asemeja a nuestro
Creador, nos hace ser realmente imagen de a un Dios
que AMA y que da VIDA.