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PRESENTACIÓN
Las siguientes
meditaciones apuntan a forjarse una idea adecuada de Dios Padre. Comienzan
con algunas meditaciones sobre Dios en general, luego sobre la Santísima
Trinidad y finalmente se ofrecen algunos puntos para meditar algunas
verdades sobre Dios Padre, la Providencia, el Santo Abandono y la
permisión del mal y del dolor.
Estas son algunas
meditaciones posibles; pueden prepararse muchísimas más tomando los textos
bíblicos que hablan de la paternidad divina. Sugiero que cada uno adapte
las siguientes, en la medida en que le sean útiles, según su propio
provecho espiritual.
Estas meditaciones
deberían ser completadas con algunas meditaciones sobre uno mismo y sobre
el prójimo, pues estos tres conceptos (la idea de Dios —en particular de
Dios Padre—, la idea de mí mismo y la idea del prójimo) están íntimamente
relacionadas y el deterioro de alguna de ellas (como se da, por ejemplo,
en quienes tienen una idea tergiversada de sí mismos: menosprecio
exagerado, falta de sentido, complejo de inferioridad) repercute
necesariamente deteriorando el concepto de la Paternidad divina y el del
valor verdadero del prójimo.
1ª MEDITACIÓN: DIOS
EXISTE
El
fundamento de todas las verdades de nuestra fe católica es
creer que hay Dios
(Hb 11,6).
1)
Todas las creaturas nos predican que Dios
existe. Todas las
creaturas son predicadores de esta gran verdad. Los cielos con sus
planetas, galaxias, mundos desconocidos, estrellas; el aire con sus aves,
el agua con sus peces y misterios, la tierra con sus animales y plantas.
Dios nos hizo (Sal 100,3). Leer y meditar Sabiduría 13, 1-10.
Job 12, 7-10: Interroga a las bestias, que te instruyan, a las aves del
cielo, que te informen. Te instruirán los reptiles de la tierra, te
enseñarán los peces del mar. Pues entre todos ellos, ¿quién ignora que la
mano de Dios ha hecho esto? El, que tiene en su mano el alma de todo ser
viviente y el soplo de toda carne de hombre.
2)
Ese testimonio está dentro de nosotros
mismos. Sal 139,
6-12: Ciencia es misteriosa para mí, harto alta, no puedo alcanzarla.
¿A dónde iré yo lejos de tu espíritu, a dónde de tu rostro podré huir? Si
hasta los cielos subo, allí estás tú, si en el seol me acuesto, allí te
encuentras. Si tomo las alas de la aurora, si voy a parar a lo último del
mar, también allí tu mano me conduce, tu diestra me aprehende. Aunque
diga: « ¡Me cubra al menos la tiniebla, y la noche sea en torno a mí un
ceñidor, ni la misma tiniebla es tenebrosa para ti, y la noche es luminosa
como el día. Porque tú mis riñones has formado, me has tejido en el
vientre de mi madre; yo te doy gracias por tantas maravillas: prodigio
soy, prodigios son tus obras. Mi alma conocías cabalmente, y mis huesos no
se te ocultaban, cuando era yo formado en lo secreto, tejido en las
honduras de la tierra. Mi embrión tus ojos lo veían; en tu libro están
inscritos todos los días que han sido señalados, sin que aún exista uno
solo de ellos.
a.
Dentro mío tengo estampada la luz natural.
La luz de tu rostro ha sido escrita en nosotros (Sal 4,7, ver. Vulg.).
b.
Nuestra hechura proclama a Dios.
Dirán todos mis huesos: Yahveh, ¿quién como tú? (Sal 35,10).
c.
Nuestro espíritu
con su nobleza dice que hay Alguien que es espíritu y está por encima de
todas las cosas.
3)
Otros testimonios de Dios.
No sólo la hermosura proclama a Dios, sino el mismo desorden y
desconcierto; porque al no poder librarnos de ellos por nuestras fuerzas,
nos recuerdan que hay Dios:
a.
El desconcierto que reina a veces en la
naturaleza y en la historia:
terremotos, tormentas, guerras, injusticias, etc. Todo pide y exige un
orden que el hombre no puede poner. No puede faltar un orden en un
universo que es, por otra parte, tan perfecto. Ese orden ha de venir en
algún momento de quien pueda regir la historia y el mundo. Postula a Dios
para que el universo no sea un absurdo.
b.
La guerra y contradicción en mi interior:
la lucha entre mi deseo de algo eterno y mis pasiones tan temporales;
siendo tan perfectos en algunas cosas, no podemos reducirnos a la
caducidad. Mi lucha interior postula un Dios que habrá de poner fin a esta
guerra y habrá de satisfacer esos deseos eternos.
c.
Por reducción al absurdo:
el hombre que olvida a Dios se deshumaniza; el hombre necesita la idea
pura y magnífica de Dios para ser él mismo hombre cabal y feliz. Sin Dios
el hombre no es más libre sino más absurdo e infeliz.
4)
Cuida de no olvidarte de Dios
(Dt 6,12). Ten compasión de los que viven sin Dios; de los que viven al
margen de Dios, olvidados de Dios. Ten piedad de ti mismo si vives como si
Dios no existiera, si Dios no es la Presencia más presente en tus
pensamientos; si no es tu meta de cada acto y de cada día y de tu vida
entera.
Responde:
¿Qué pienso de Dios? ¿Cuánto pienso de Dios? ¿Actúo como creo? ¿Llena el
pensamiento de Dios mis días? ¿Olvido con frecuencia a Dios? ¿Puedo vivir
sin Dios? ¿Me pesa perder a Dios por el pecado? ¿Me duele la posibilidad
de perderlo para siempre en la otra vida? ¿Estoy dispuesto a sacrificar
todo antes que perder a Dios?
2ª MEDITACIÓN:
QUIÉN ES DIOS
1)
Dios es “El que es”.
Yo soy el que soy. Así le dirás a Israel: El que Es, me ha enviado a
vosotros (Ex 3,14). Dios necesariamente es, fue y será. Su
esencia es su mismo ser; es el Ser absoluto. Yo soy Dios, que no cambio
(Mal 3,6): no cambio, no envejezco, no me marchito. Tú, Señor, eres
el mismo, y tus años no tienen fin (Sal 102,28). Santo, Santo,
Santo, el Señor Dios todopoderoso, el que era, y es, y será y ha de venir
(Ap 4,8).
2)
Sólo Dios es por esencia el que Es.
Nada ni nadie, fuera de Dios, tiene el ser por sí mismo. 1Tim 6,16: El
único que posee Inmortalidad, que habita en una luz inaccesible, a quien
no ha visto ningún ser humano ni le puede ver. En esta verdad se funda
verdaderamente la vida espiritual seria, porque aquí se apoya la humildad
que toda creatura (hombre y ángel) ha de tener ante Dios: Él es el que
es; yo soy el que no soy. Gen 3,19: Polvo eres y en polvo te
convertirás. Él no tiene medida; yo soy una medida; Sal 39,6:
De unos palmos hiciste mis días,
mi existencia cual nada es ante ti; sólo un soplo, todo hombre que se
yergue. De ahí que
debamos amar a Dios como principio y fundamento de toda nuestra vida.
3)
En Dios están todas las perfecciones de las
cosas creadas. Lo
dice San Juan de la Cruz (Subida, L. I, cap. 4):
a.
“De manera que todo el ser de las criaturas,
comparado con el infinito (ser) de Dios, nada es. Y, por tanto, el alma
que en él pone su afición, delante de Dios también es nada, y menos que
nada; porque, como habemos dicho, el amor hace igualdad y semejanza, y aun
pone más bajo al que ama. Y, por tanto, en ninguna manera podrá esta alma
unirse con el infinito ser de Dios, porque lo que no es no puede convenir
con lo que es. Y descendiendo en particular a algunos ejemplos:
b.
Toda la hermosura de las criaturas, comparada
con la infinita hermosura de Dios, es suma fealdad, según Salomón en los
Proverbios (31, 30) dice: Fallax gratia, et vana est pulchritudo:
Engañosa es la belleza y vana la hermosura. Y así, el alma que está
aficionada a la hermosura de cualquiera criatura, delante de Dios
sumamente fea es; y, por tanto, no podrá esta alma fea transformarse en la
hermosura que es Dios, porque la fealdad no alcanza a la hermosura.
c.
Y toda la gracia y donaire de las criaturas,
comparada con la gracia de Dios, es suma desgracia y sumo desabrimiento;
y, por eso, el alma que se prenda de las gracias y donaire de las
criaturas, sumamente es desgraciada y desabrida delante los ojos de Dios;
y así no puede ser capaz de la infinita gracia de Dios y belleza, porque
lo desgraciado grandemente dista de lo que infinitamente es gracioso.
d.
Y toda la bondad de las criaturas del mundo,
comparada con la infinita bondad de Dios, se puede llamar malicia. Porque
nada hay bueno sino solo Dios (Lc. 18, 19); y, por tanto, el alma que pone
su corazón en los bienes del mundo, sumamente es mala delante de Dios. Y
así como la malicia no comprehende a la bondad, así esta tal alma no podrá
unirse con Dios, el cual es suma bondad.
e.
Y toda la sabiduría del mundo y habilidad
humana, comparada con la sabiduría infinita de Dios, es pura y suma
ignorancia, según escribe san Pablo ad Corinthios (1 Cor. 3, 19),
diciendo: Sapientia huius mundi stultitia est apud Deum. La
sabiduría de este mundo, delante de Dios es locura.
f.
Por tanto, toda alma que hiciese caso de todo su
saber y habilidad para venir a unirse con la sabiduría de Dios, sumamente
es ignorante delante de Dios, y quedará muy lejos de ella. Porque la
ignorancia no sabe qué cosa es sabiduría, como dice San Pablo que esta
sabiduría le parece a Dios necedad. Porque, delante de Dios, aquellos que
se tienen por de algún saber son muy ignorantes; porque de ellos dice el
Apóstol escribiendo a los Romanos (1, 22), diciendo: Dicentes enim se
esse sapientes, stulti facti sunt, esto es: Teniéndose ellos por
sabios, se hicieron necios. Y solos aquellos van teniendo sabiduría de
Dios que, como niños ignorantes, deponiendo su saber, andan con amor en su
servicio. La cual manera de sabiduría enseñó también san Pablo ad
Corinthios (1 Cor. 3, 1819): Si quis videtur inter vos sapiens esse in
hoc saeculo, stultus fiat ut sit sapiens. Sapientia enim huius mundi
stultitia est apud Deum, esto es: Si alguno le parece que es sabio
entre vosotros, hágase ignorante para ser sabio, porque la sabiduría de
este mundo es acerca de Dios locura. De manera que, para venir el alma a
unirse con la sabiduría de Dios, antes ha de ir no sabiendo que por saber.
g.
Y todo el señorío y libertad del mundo,
comparado con la libertad y señorío del espíritu de Dios, es suma
servidumbre, y angustia, y cautiverio. Por tanto, el alma que se enamora
de mayorías, o de otros tales oficios, y de las libertades de su apetito,
delante de Dios es tenido y tratado no como hijo, sino como bajo esclavo y
cautivo, por no haber querido él tomar su santa doctrina, en que nos
enseña que el que quisiere ser mayor sea menor, y el que quisiere ser
menor sea el mayor (Lc. 22, 26). Y, por tanto, no podrá el alma llegar a
la real libertad del espíritu, que se alcanza en su divina unión, porque
la servidumbre ninguna parte puede tener con la libertad, la cual no puede
morar en el corazón sujeto a quereres, porque éste es corazón de esclavo,
sino en el libre, porque es corazón de hijo. Y ésta es la causa por que
Sara dijo a su marido Abraham que echase fuera a la esclava y a su hijo,
diciendo que no había de ser heredero el hijo de la esclava con el hijo de
la libre (Gn. 21, 10).
h.
Y todos los deleites y sabores de la voluntad en
todas las cosas del mundo, comparados con todos los deleites que es Dios,
son suma pena, tormento y amargura. Y así, el que pone su corazón en ellos
es tenido delante de Dios por digno de suma pena, tormento y amargura. Y
así, no podrá venir a los deleites del abrazo de la unión de Dios, siendo
él digno de pena y amargura.
i.
Todas las riquezas y gloria de todo lo criado,
comparado con la riqueza que es Dios, es suma pobreza y miseria. Y así, el
alma que lo ama y posee es sumamente pobre y miserable delante de Dios, y
por eso no podrá llegar a la riqueza y gloria, que es el estado de la
transformación en Dios (por cuanto lo miserable y pobre sumamente dista de
lo que es sumamente rico y glorioso)”.
Responde:
¿Quién es Dios para mí? ¿Cuánto pesa su pensamiento en mi corazón? ¿Soy
consciente de la Bondad y Belleza divinas? ¿Llena mi corazón de alegría el
pensamiento de Dios? ¿Me llena de seguridad el saber que Dios es tan
grande y la vez tan Padre? ¿Pierden de peso las creaturas en mi corazón
cuando medito en la grandeza de Dios?
3ª MEDITACIÓN: DIOS ES
INCOMPREHENSIBLE
1)
Dios supera todo lo que podemos percibir
por los sentidos.
Dios no tiene color, ni imagen, ni medida, no se ve, no se toca, no se
oye. Is 40,18: Pues ¿con quién asemejaréis a Dios, qué semejanza le
aplicaréis? Sal 35,10: Señor, ¿quién hay semejante a Ti? No es
hermoso como las cosas de la tierra sino con otra hermosura superior que
ni los ángeles pueden abarcar.
2)
No puede abarcarse con la imaginación ni
con el entendimiento creado.
Sal 71,18: ¿Quién en las nubes se igualará al Señor? O ¿quién entre sus
hijos será semejante a Dios? Por eso para poder conocer la grandeza de
Dios debemos renunciar a los sentidos y a la imaginación y la limitación
de la inteligencia. Sal 97,2: Nube y bruma densa están en torno a su
trono. 1Tim 6,16: Mora una luz inaccesible.
3)
Es infinito en todas sus perfecciones.
Job 36,26: Dios es grande y no lo comprendemos, el número de sus años
es incalculable. Jer 32,19: Grande en designios y rico en recursos.
Sab 9,16: Trabajosamente conjeturamos lo que hay sobre la tierra y con
fatiga hallamos lo que está a nuestro alcance; ¿quién, entonces, ha
rastreado lo que está en los cielos?
4)
Dios al revelarse nos hace una gran
misericordia.
Porque de otro modo no hubiéramos podido conocerlo jamás en su vida íntima
y en su verdadera grandeza. De ahí que debamos: (a) ser muy agradecidos
por habernos revelado las Sagradas Escrituras donde se esconden los
secretos de su sabiduría; (b) tener una fe muy entregada, dejando cautivar
nuestro entendimiento por las verdades divinas; (c) gran confianza en lo
que aún quiere mostrarme en la visión cara a cara en la eternidad.
Podemos meditar este
hermoso himno de San Gregorio Nacianceno:
«¡Oh Tú, el más allá de
todo!,
¿cómo llamarte con otro
nombre?
No hay palabra que te
exprese
ni espíritu que te
comprenda.
Ninguna inteligencia puede
concebirte.
Sólo tu eres inefable,
y cuanto se diga ha salido
de ti.
Sólo tu eres incognoscible,
y cuanto se piense ha
salido de ti.
Todos los seres te
celebran,
los que hablan y los que
son mudos.
Todos los seres te rinden
homenaje,
los que piensan y los que
no piensan.
El deseo universal, el
gemido de todos,
suspira por ti.
Todo cuanto existe te ora,
y hasta ti eleva un himno
de silencio
todo ser capaz de leer tu
universo.
Cuanto permanece,
en ti solo permanece.
En ti desemboca el
movimiento del universo.
Eres el fin de todos los
seres;
eres único.
Eres todos y no eres nadie.
Ni eres un ser solo ni el
conjunto de todos ellos.
¿Cómo puedo llamarte,
si tienes todos los
nombres?
¡Oh Tú, el único a quien no
se puede nombrar!,
¿que espíritu celeste podrá
penetrar
las nubes que velan el
mismo cielo?
Ten piedad, oh Tú, el mas
allá de todo:
¿como llamarte con otro
nombre?».
4ª MEDITACIÓN: DIOS ES
UNO
1)
Hay un solo Dios.
Escucha Israel: el Señor
nuestro Dios es el único Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo tu
corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza
(Dt 6, 4-5). Volveos a mí y seréis salvados, confines todos de la
tierra, porque yo soy Dios, no existe ningún otro... ante mí se doblará
toda rodilla y toda lengua jurará diciendo: ¡Sólo en Dios hay victoria y
fuerza! (Is 45, 22-24). “Creemos firmemente y afirmamos sin ambages
que hay un solo verdadero Dios, inmenso e inmutable, incomprensible,
todopoderoso e inefable, Padre, Hijo y Espíritu Santo: Tres Personas, pero
una Esencia, una Substancia o Naturaleza absolutamente simple” (IV
Concilio de Letrán).
2)
Jesús habla del Dios Único:
Jesús mismo confirma que Dios es “el único Señor” y que es preciso amarle
con todo el corazón, con toda el alma, con todo el espíritu y todas las
fuerzas (cf. Mc 12, 29-30). Deja al mismo tiempo entender que Él mismo es
“el Señor” (cf. Mc 12, 35-37).
3)
Las consecuencias de la fe en el Dios Único:
Creer en Dios, el Único, y amarlo con todo el ser tiene consecuencias
inmensas para toda nuestra vida. Significa:
a.
Reconocer la grandeza y la majestad de Dios:
Sí, Dios es tan grande que supera nuestra ciencia (Jb 36, 26). Por
esto Dios debe ser “el primer servido” (Santa Juana de Arco).
b.
Es vivir en acción de gracias: Si Dios es el
Único, todo lo que somos y todo lo que poseemos viene de Él: “¿Qué tienes
que no hayas recibido?” (1 Co 4, 7). “¿Cómo pagaré al Señor todo el bien
que me ha hecho?” (Sal 116, 12).
c.
Exige usar bien de las cosas creadas: La fe en
Dios, el Único, nos lleva a usar de todo lo que no es Él en la medida en
que nos acerca a Él, y a separarnos de ello en la medida en que nos aparta
de Él: “Señor mío y Dios mío, quítame todo lo que me aleja de ti. Señor
mío y Dios mío, dame todo lo que me acerca a ti. Señor mío y Dios mío,
despójame de mí mismo para darme todo a ti” (San Nicolás de Flue).
d.
Implica confiar en Dios en todas las
circunstancias, incluso en la adversidad. Una oración de santa Teresa de
Jesús lo expresa admirablemente:
Nada te turbe, Nada te
espante,
Todo se pasa, Dios no se
muda,
La paciencia, Todo lo
alcanza;
Quien a Dios tiene / Nada
le falta:
Sólo Dios basta.
5ª MEDITACIÓN: DIOS ES
VERDAD
1)
Dios es la Verdad, porque Dios es Luz, en él
no hay tiniebla alguna (1 Jn 1, 5). Ahora, mi Señor Dios, tú eres
Dios, tus palabras son verdad (2 S 7, 28); por eso las promesas de
Dios se realizan siempre (cf. Dt 7,9). Dios es la Verdad misma, sus
palabras no pueden engañar. Por ello el hombre se puede entregar con toda
confianza a la verdad y a la fidelidad de la palabra de Dios en todas las
cosas. El comienzo del pecado y de la caída del hombre fue una mentira del
tentador que indujo a dudar de la palabra de Dios, de su benevolencia y de
su fidelidad.
2)
La verdad de Dios es su sabiduría que rige todo
el orden de la creación y del gobierno del mundo (cf. Sb 13,1-9). Dios es
el único que puede dar el conocimiento verdadero de todas las cosas
creadas en su relación con Él (cf. Sb 7,17-21). Dios es también verdadero
cuando se revela: la enseñanza que viene de Dios es una doctrina de
verdad (Ml 2, 6). Envía su Hijo al mundo para dar testimonio de la
Verdad (Jn 18, 37): Sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha
dado inteligencia para que conozcamos al Verdadero (1 Jn 5, 20).
3)
Dios es la Verdad; y eso quiere decir que nos
penetra íntimamente y nos conoce mejor de lo que nosotros nos conocemos.
Nada está oculto a sus ojos. Él explora las fuentes de los ríos, y saca
a luz lo oculto (Job 28,11). Toda obra la emplazará Dios a juicio,
también todo lo oculto, a ver si es bueno o malo (Ecle 12,14). Él nos
desnuda el alma: yo he desnudado a Esaú, he descubierto sus secretos,
estar oculto no puede (Jer 49,10). Yo soy verdaderamente lo que soy a
los ojos de Dios. A Él nada se le escapa; puedo disfrazarme a los ojos de
los hombres y puedo negar mi verdad ante mis propios ojos; pero no a los
de Dios.
4)
Pero también mi justicia está patente a
los ojos de Dios. Dios ve también lo bueno que Él ha puesto en mí. Más que
yo. Él me ha hecho y su luz me penetra totalmente. Conoce el número de mis
huesos: Dios conoce vuestros corazones (Lc 16,15); Tú lo conoces
todo (Ester 14,17). Yahveh, tú me escrutas y conoces; sabes cuándo
me siento y cuándo me levanto, mi pensamiento calas desde lejos; esté yo
en camino o acostado, tú lo adviertes, familiares te son todas mis sendas.
Que no está aún en mi lengua la palabra, y ya tú, Yahveh, la conoces
entera (Sal 139,1-4).
5)
Dios es el Testigo de nuestros pensamientos,
deseos, sufrimientos y alegrías que nadie más penetra. Sab 1,6: Dios es
testigo de sus riñones, observador veraz de su corazón y oye cuanto dice
su lengua.
Responde: ¿Te sientes
conocido por Dios? ¿Ese conocimiento te da temor o seguridad? ¿Temes que
Dios sea testigo de tus secretos o te alegras de que Él esté de modo
constante en lo más profundo de tu conciencia?
6ª MEDITACIÓN: DIOS ES
AMOR
1)
Dios es Amor: lo enseña el apóstol Juan (1 Jn 4,
8). A lo largo de su historia, Israel pudo descubrir que Dios sólo tenía
una razón para revelársele y escogerlo entre todos los pueblos como pueblo
suyo: su amor gratuito (Dt 4,37; 7,8; 10,15). E Israel comprendió, gracias
a sus profetas, que también por amor Dios no cesó de salvarlo (Is 43,1-7))
y de perdonarle su infidelidad y sus pecados (Os 2). Ese amor Dios mismo
lo compara:
a.
con el amor de un padre a su hijo (Os 11,1);
b.
es más fuerte que el amor de una madre a sus
hijos (Is 4914-15);
c.
Dios ama a su Pueblo más que un esposo a su
amada (Is 62,4-5);
d.
este amor vencerá incluso las peores
infidelidades (Ez 16; Os 11);
e.
llegará hasta el don más precioso: Tanto amó
Dios al mundo que dio a su Hijo único(Jn 3,16).
2)
El amor de Dios es “eterno” (Is 54, 8).
Porque los montes se correrán y las colinas se moverán, mas mi amor de tu
lado no se apartará (Is 54, 10). Con amor eterno te he amado: por
eso he reservado gracia para ti (Jr 31, 3).
3)
Y san Juan irá todavía más lejos al afirmar:
Dios es Amor (1 Jn 4, 8.16); el ser mismo de Dios es Amor. Al enviar
en la plenitud de los tiempos a su Hijo único y al Espíritu de Amor, Dios
revela su secreto más íntimo (1Co 2,7-16; Ef 3,9-12); El mismo es una
eterna comunicación de amor: Padre, Hijo y Espíritu Santo, y nos ha
destinado a participar en Él.
7ª MEDITACIÓN: DIOS ES
TRINO EN PERSONAS
Dios nos ha
revelado su misterio íntimo: es Trino en Personas.
1)
Confesamos un solo Dios en tres Personas.
No confesamos tres dioses sino un solo Dios en tres personas: “la Trinidad
consubstancial” (Concilio de Constantinopla II, año 553). Las personas
divinas no se reparten la única divinidad, sino que cada una de ellas es
enteramente Dios: “El Padre es lo mismo que es el Hijo, el Hijo lo mismo
que es el Padre, el Padre y el Hijo lo mismo que el Espíritu Santo, es
decir, un solo Dios por naturaleza” (Concilio de Toledo XI, año 675)).
“Cada una de las tres personas es esta realidad, es decir, la substancia,
la esencia o la naturaleza divina” (Concilio de Letrán IV, año 1215).
2)
Las personas divinas son realmente
distintas entre sí.
“Dios es único pero no solitario” (Fides Damasi). “Padre”, “Hijo”,
“Espíritu Santo” no son simplemente nombres que designan modalidades del
ser divino, pues son realmente distintos entre sí: “El que es el Hijo no
es el Padre, y el que es el Padre no es el Hijo, ni el Espíritu Santo el
que es el Padre o el Hijo” (Concilio de Toledo XI, año 675). Son distintos
entre sí por sus relaciones de origen: “El Padre es quien engendra, el
Hijo quien es engendrado, y el Espíritu Santo es quien procede” (Concilio
de Letrán IV, año 1215). La Unidad divina es Trina.
3)
A los catecúmenos de Constantinopla, san
Gregorio Nacianceno, llamado también “el Teólogo”, confía este resumen de
la fe trinitaria: “Ante todo, guardadme este buen depósito, por el cual
vivo y combato, con el cual quiero morir, que me hace soportar todos los
males y despreciar todos los placeres: quiero decir la profesión de fe en
el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo. Os la confío hoy. Por ella os
introduciré dentro de poco en el agua y os sacaré de ella. Os la doy como
compañera y patrona de toda vuestra vida. Os doy una sola Divinidad y
Poder, que existe Una en los Tres, y contiene los Tres de una manera
distinta. Divinidad sin distinción de substancia o de naturaleza, sin
grado superior que eleve o grado inferior que abaje... Es la infinita
connaturalidad de tres infinitos. Cada uno, considerado en sí mismo, es
Dios todo entero... Dios los Tres considerados en conjunto... No he
comenzado a pensar en la Unidad cuando ya la Trinidad me baña con su
esplendor. No he comenzado a pensar en la Trinidad cuando ya la unidad me
posee de nuevo” (San Gregorio Nacianceno, Orationes, 40, 41).
4)
Yo me acuso:
Schmaus, en su Teología Dogmática cita a Noulleau (+ 1672) quien escribía:
“Me acuso de no haber adorado nunca como debía; me acuso de que hasta
desconocía la palabra adoración. Mientras que yo pensaba en muchos actos
de piedad, no tenía en cuenta casi nunca la adoración. ¿Cuándo hubiera
pensado en adorarte y hablado de ello?”.
Responde: ¿Cuál es mi
conciencia de la Santísima Trinidad? ¿Cuál es mi actitud frente a ella?
¿Cuál ha sido mi deseo de conocer más y más y este misterio infinitamente
adorable y amable? ¿Cuál es mi intimidad con Dios que se revela a mí en su
misterio más profundo, su ser mismo?
8ª MEDITACIÓN: DIOS ES
PADRE
1)
“La expresión Dios Padre no había sido revelada
jamás a nadie. Cuando Moisés preguntó a Dios quién era Él, oyó otro
nombre. A nosotros este nombre nos ha sido revelado en el Hijo, porque
este nombre implica el nuevo nombre de Padre” (Tertuliano). Podemos
invocar a Dios como “Padre” porque Él nos ha sido revelado por su Hijo
hecho hombre y su Espíritu nos lo hace conocer.
2)
El conocimiento del Padre es un don que nos ha
hecho Jesucristo: nadie conoce al Padre, sino el Hijo y aquél a quien
el Hijo se lo quiera revelar, es decir a los pequeños (Mt 11,
25-27).
3)
Para comprender adecuadamente quién es el Padre,
debemos despojar a nuestra imagen del padre terreno de todas sus
limitaciones, porque éstas siempre son deficientes y opacan la verdadera
paternidad divina, infinitamente amable.
4)
Al revelarnos que Dios es nuestro Padre, Dios
también nos enseña quiénes somos nosotros (¡hijos!): “Tú, hombre, no te
atrevías a levantar tu cara hacia el cielo, tú bajabas los ojos hacia la
tierra, y de repente has recibido la gracia de Cristo: todos tus pecados
te han sido perdonados. De siervo malo, te has convertido en buen hijo...
Eleva, pues, los ojos hacia el Padre que te ha rescatado por medio de su
Hijo y di: Padre nuestro... Pero no reclames ningún privilegio. No es
Padre, de manera especial, más que de Cristo, mientras que a nosotros nos
ha creado. Di entonces también por medio de la gracia: Padre nuestro, para
merecer ser hijo suyo” (San Ambrosio).
5)
Reconocer que Dios es nuestro Padre, exige de
nosotros tener el deseo y la voluntad de asemejarnos a Él: “Es necesario
acordarnos, cuando llamemos a Dios ‘Padre nuestro’, de que debemos
comportarnos como hijos de Dios” (San Cipriano de Cartago). “No podéis
llamar Padre vuestro al Dios de toda bondad si mantenéis un corazón cruel
e inhumano; porque en este caso ya no tenéis en vosotros la señal de la
bondad del Padre celestial” (San Juan Crisóstomo); “Es necesario
contemplar continuamente la belleza del Padre e impregnar de ella nuestra
alma” (San Gregorio de Nisa).
6)
El conocimiento pleno de Dios no consiste en
conocer sólo su existencia, sino en saber que es Padre y de quién es Padre
(...) Nuestro Señor Jesucristo ha añadido a la ley mosaica la perfecta y
ha dado al precepto de la ley mayor claridad: nos ha regalado un
conocimiento de Dios que supera todos los anteriores. Pues nos ha revelado
que Dios, además de ser creador y señor del universo, es también Padre” (Cirilo
de Alejandría, In Io.).
9ª MEDITACIÓN: DIOS
“ABBÁ-PADRE”
1)
Jesús al hablar del Padre lo llama Abbá.
“Abbá” es una expresión aramea, que se ha conservado en el texto griego
del Evangelio de Marcos (14,36). En labios de Jesús de Nazaret
tiene un contenido único, irrepetible.
2)
La palabra “Abbá”
formaba parte del lenguaje familiar; se usaba para expresar la relación
única entre el padre y el hijo engendrado por él, entre el
hijo que ama al padre y al mismo tiempo es amado por él. Cuando, para
hablar de Dios, Jesús utilizaba esta palabra, debía de causar admiración e
incluso escandalizar a sus oyentes. Un israelita no la habría utilizado ni
en la oración. Sólo quien se consideraba Hijo de Dios en un sentido propio
podría hablar así de Él y dirigirse a Él como Padre. “Abbá” es
decir, “padre mío”, “papito”, “papá”.
3)
Así esperaba ser invocado Dios. Jeremías dice
que Dios espera que se le invoque como Padre: Vosotros me diréis:
‘padre mío’ (Jer 3,19). Jesús habla constantemente del Padre,
invoca al Padre como quien tiene derecho a dirigirse a Él sencillamente
con el apelativo: “Abbá-Padre mío”.
4)
San Marcos dice que durante la oración en
Getsemaní, Jesús exclamó: Abbá, Padre, todo te es posible. Aleja de mí
este cáliz; mas no sea lo que yo quiero, sino lo que tú quieras (Mc
14,36). Cuando en los demás evangelios aparece la palabra “Padre mío” en
boca de Jesús, debe entenderse en este sentido.
5)
Jesús fue acostumbrando a sus oyentes para que
entendieran que en sus labios la palabra “Dios” y, en especial, la palabra
“Padre”, significaba “Abbá-Padre mío”. Así, desde su infancia,
cuando tenía sólo 12 años, Jesús dice a sus padres que lo habían estado
buscando durante tres días: ¿No sabíais que es preciso que me ocupe en
las cosas de mi Padre? (Lc 2, 49). Y al final de su vida, en
la oración sacerdotal con la que concluye su misión, insiste en pedir
a Dios: Padre, ha llegado la hora, glorifica tu Hijo, para que tu Hijo
te glorifique a ti (Jn 17, 1). Padre Santo, guarda en tu
nombre a éstos que me has dado (Jn 17, 11). Padre justo, si
el mundo no te ha conocido, yo te conocí... (Jn 17, 25). Ya en
el anuncio de las realidades últimas, hecho con la parábola sobre el
juicio final, se presenta como Aquel que proclama: Venid a mí, benditos
de mi Padre... (Mt 25, 34). Luego pronuncia en la cruz sus
últimas palabras: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu (Lc
23, 46). Por último, una vez resucitado anuncia a los discípulos:
Yo os envío la promesa de mi Padre (Lc 24, 49). Y cuando debe
enseñarnos a orar, nos hace decir a Dios: Padre nuestro (Mt
6, 9-13), o también Padre (Lc 11, 2-4).
6)
De este modo, Jesús nos enseña que realmente nos
hace, por la gracia, hijos de Dios: A cuantos le recibieron (es decir,
a cuantos recibieron al Verbo que se hizo carne), Jesús les dio poder de
llegar a ser hijos de Dios (Jn 1,12). Dice así a María
Magdalena: Ve a mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y a vuestro
Padre, a mi Dios y a vuestro Dios (Jn 20,17). Somos hijos
por participación o, mejor dicho, por adopción, como enseñaron
los teólogos siguiendo a San Pablo, que en la Carta a los Gálatas escribe:
Dios envió a su Hijo... para que recibiésemos la adopción (Gál
4, 4 y s.; cf. Santo Tomás, S. Th. III q. 23, aa. 1 y 2).
7)
Debemos, pues, clamar constantemente a Dios como
sus hijos: Y puesto que sois hijos, envió Dios a nuestros corazones el
Espíritu de su Hijo que clama ‘Abbá, Padre’ (Gál 4, 6); No
habéis recibido el espíritu de siervos... antes habéis recibido el
espíritu de adopción, por el que clamamos: ‘Abbá, Padre’ (Rom
8,15).
Responde: ¿Cuál es mi
conciencia de ser hijo de Dios? ¿Cuál es mi intimidad y mi confianza con
Dios Padre? ¿Es mi trato personalísimo, confiado, amistoso, abierto, como
un hijo con su Padre?
10ª MEDITACIÓN: LAS
DISPOSICIONES DEL BUEN HIJO
Un buen
hijo tiene disposiciones propias hacia su padre. Respecto de Dios, nuestra
filiación exige
desarrollar en nosotros cinco disposiciones fundamentales.
1)
Ante todo honor. Se queja Dios por el
Profeta Malaquías: El hijo honra a su padre, el siervo a su señor. Pues
si yo soy padre, ¿dónde está mi honra? (Ml 1,6). Honor que no sólo
debe estar en los labios sino en el corazón, para no ser como ese pueblo
del que se queja Isaías: Este pueblo me honra con loslabios, pero su
corazón está lejos de mí (Is 29,13).
2)
Se le debe imitación. Sed imitadores de
Dios, como hijos amados (Ef 5,1). Imitación que debe tender a la
perfección: Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto
(Mt 5,48). Decía San Cipriano: “Es necesario acordarnos, cuando llamemos a
Dios Padre nuestro, de que debemos comportarnos como hijos de
Dios”. Y San Juan Crisóstomo: “No podéis llamar Padre vuestro al Dios de
toda bondad si mantenéis un corazón cruel e inhumano; porque en este caso
ya no tenéis en vosotros la señal de la bondad del Padre celestial”. Y San
Gregorio de Nisa: “Es necesario contemplar continuamente la belleza del
Padre e impregnar de ella nuestra alma”.
3)
Le debemos también obediencia. ¿No nos
someteremos mejor al Padre de los espíritus para vivir? (Hb 12,9).
Además esto lo debemos hacer para imitar al Hijo por excelencia, el cual
se hizo obediente hasta la muerte (cf. Fil 2).
4)
Le debemos también paciencia en los
castigos. No desdeñes, hijo mío, la instrucción de Yahveh, no te dé
fastidio su reprensión, porque Yahveh reprende a aquel que ama, como un
padre al hijo querido (Pr 3,11-12).
5)
Finalmente, le debemos confianza casi
infantil (cf. Mt 18,3); porque el Padre se revela a los “pequeños” (Mt
1,25). Decía hermosamente San Agustín: “Padre nuestro: este nombre suscita
en nosotros todo a la vez, el amor, el gusto en la oración, y también la
esperanza de obtener lo que vamos a pedir... ¿Qué puede Él, en efecto,
negar a la oración de sus hijos, cuando ya previamente les ha permitido
ser sus hijos?”.
11ª MEDITACIÓN: DIOS
PADRE ES PROVIDENTE
1)
El fin que Dios ha dado a los hombres es un
designio magnífico: Dios quiere comunicar libremente la gloria de su
vida bienaventurada. Tal es el designio benevolente (Ef 1,9) que
concibió antes de la creación del mundo en su Hijo amado,
predestinándonos a la adopción filial en él(Ef 1, 4-5), es decir, a
reproducir la imagen de su Hijo (Rm 8, 29), gracias al Espíritu de
adopción filial (Rm 8, 15). Este designio es una gracia dada antes
de todos los siglos (2Tm 1,9-10), nacido inmediatamente del amor
trinitario.
2)
La Paternidad de Dios dispone con suavidad todo
lo que sus hijos necesitan. Providencia significa dirigir a sus hijos
hacia Él mismo como fin.
3)
La solicitud de la divina providencia es
concreta e inmediata; tiene cuidado de todo, de las cosas más pequeñas
hasta los grandes acontecimientos del mundo y de la historia y nada se
escapa de sus manos. Las Sagradas Escrituras afirman con fuerza la
soberanía absoluta de Dios en el curso de los acontecimientos: Nuestro
Dios en los cielos y en la tierra, todo cuanto le place lo realiza
(Sal 115, 3); y de Cristo se dice: si él abre, nadie puede cerrar; si
él cierra, nadie puede abrir (Ap 3, 7); hay muchos proyectos en el
corazón del hombre, pero sólo el plan de Dios se realiza (Pr 19, 21).
4)
La divina Providencia es, pues, mi madre que me
da a luz, mi maestra porque me aconseja, mi reina porque me gobierna, mi
protectora porque me defiende, mi consoladora porque me apacigua en el
dolor. Dios Padre, en su Providencia, se muestra amigo, pastor, padre,
médico.
5)
Todos los bienes me vienen por la Providencia de
Dios: del cuerpo y del alma, la existencia y la conservación en la vida,
mis dotes intelectuales y prácticas, mi familia y mis amigos, la gracia y
el perdón, el camino en el bien.
6)
Oración a la Divina Providencia de la Beata
Isabel de Francia (+ 1270): “¿Que me sucederá hoy, Dios mío? Lo ignoro. Lo
único que sé es que nada me sucederá que no lo hayáis previsto, regulado y
ordenado desde la eternidad. ¡Me basta esto, Dios mío, me basta esto!
Adoro vuestros eternos e imperecederos designios; me someto a ellos con
toda mi alma por amor vuestro. Lo quiero todo, lo acepto todo, quiero
haceros de todo un sacrificio. Uno este sacrificio al de Jesús, mi
Salvador y os pido en su nombre y por sus méritos infinitos la paciencia
en mis penas y una perfecta resignación en todo lo que os plazca que me
suceda. Amén”.
Responde: ¿Reconozco la
acción de la Providencia divina en mi vida diaria? ¿Tengo “ojos” para la
Providencia? ¿Soy agradecido con Dios?
12ª MEDITACIÓN: DIOS ES
PADRE PERDONADOR
Meditación
sobre la figura del Padre en la parábola del hijo pródigo (Lc 15,11-31)
1)
Dios Padre no fuerza nuestra voluntad ni para
retenernos a su lado: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos
dijo al padre: "Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde." Y
él les repartió la hacienda.
2)
Pero espera nuestro retorno con ansiedad:
Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a
su cuello y le besó efusivamente.
3)
Su gozo de recibirnos en su seno es más grande
que nuestra necesidad de pedirle perdón por nuestro alejamiento: El
hijo le dijo: "Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser
llamado hijo tuyo." Pero el padre dijo a sus siervos: "Traed aprisa el
mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en
los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una
fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba
perdido y ha sido hallado." Y comenzaron la fiesta.
4)
Está dispuesto a devolvernos todo cuanto
perdimos al perderlo a Él: nos pone el anillo (que significaba en la
antigüedad la libertad; sólo los hombres libres lo llevaban), nos viste un
traje nuevo (la gracia), cura nuestros pies cansados de correr tras el
pecado.
5)
Su alegría es por nuestra vida: convenía
celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y
ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado. Ez 18,23:
¿Acaso me complazco yo en la muerte del malvado - oráculo del Señor Yahveh
- y no más bien en que se convierta de su conducta y viva? Ez 33,11:
Diles: Por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que yo no me complazco en
la muerte del malvado, sino en que el malvado se convierta de su conducta
y viva. Convertíos, convertíos de vuestra mala conducta. ¿Por qué habéis
de morir, casa de Israel?
13ª MEDITACIÓN: LO QUE
VALEMOS A LOS OJOS DEL PADRE
¿No valéis
vosotros más que dos pichones? (Mt 6,27).
1)
Para Dios Padre valemos un precio infinito. ¿En
cuánto nos ha tasado Dios? En lo que ha estado dispuesto a pagar:
Habéis sido rescatados de la conducta necia heredada de vuestros
padres, no con algo caduco, oro o plata, sino con una sangre preciosa,
como de cordero sin tacha y sin mancilla, Cristo (1Pe 1,18-19).
¡Habéis sido bien comprados! (1Co 6,20).
2)
Muchos hombres y mujeres viven agobiados por
demonio del desvalor: creen no valer nada, no tener sentido ante el
mundo, no ser importantes para nadie. Si 10,28: Hijo, estímate en lo
que vales.
3)
Este sentimiento de desvalor es injusto
para con Dios: para él valemos un precio infinito; ¡y ha pagado ese precio
hasta el último centavo, hasta la última gota de sangre! No hay que
buscar ser importantes ante los demás, pero hay que reconocer
que lo somos para Dios.
4)
Los ojos del Padre son los que ponen
valor en nosotros al mirarnos con amor y cariño. Moisés, que era
hermoso a los ojos de Dios (Hch 7,20). Como Moisés, cada uno de
nosotros es hermoso a los ojos de Dios. Dios Padre ve en nosotros
la imagen de su Hijo que él mismo ha puesto en nuestras almas: Nosotros
somos para Dios el buen olor de Cristo (2Co 2,15).
14ª MEDITACIÓN: DIOS ES
UN PADRE DIGNO DE RESPETO
1)
No tentarás al Señor tu Dios
(Mt 4,7; Dt 6,16). Sólo al
Señor tu Dios adorarás, y sólo a Él darás culto (Mt 4,10; Dt 6,13).
Son dos de las respuestas que da Jesús al demonio durante las tentaciones
en el desierto.
2)
Jesús tenía un extraordinario cariño y confianza
con su Padre. Estas respuestas manifiestan también su enorme respeto
por el Padre. Jesús subraya en estas respuestas la trascendencia
del Padre a quien se debe adoración, culto y respeto absoluto.
3)
Dios es un Padre amoroso; pero con Dios no se
juega; San Pablo dice: No os engañéis; de Dios nadie se burla (Gal
6,7). Que Dios sea cariñoso con nosotros no implica que debamos tomar
superficialmente su nombre o nuestra relación con Él.
4)
Ante Dios Padre debemos tener, como Jesús, un
gran sentido de lo sagrado, que pertenece a la virtud de la religión
(segundo mandamiento): “Los sentimientos de temor y de ‘lo sagrado’ ¿son
sentimientos cristianos o no? Nadie puede dudar razonablemente de ello.
Son los sentimientos que tendríamos, y en un grado intenso, si tuviésemos
la visión del Dios soberano. Son los sentimientos que tendríamos si
verificásemos su presencia. En la medida en que creemos que está presente,
debemos tenerlos. No tenerlos es no verificar, no creer que está presente”
(Card. John H. Newman). “El Nombre de Dios es grande allí donde se
pronuncia con el respeto debido a su grandeza y a su Majestad. El nombre
de Dios es santo allí donde se le nombra con veneración y temor de
ofenderle” (San Agustín).
5)
El segundo mandamiento de la ley de Dios prohíbe
abusar del nombre de Dios, es decir, todo uso inconveniente del nombre de
Dios, de Jesucristo, de la Virgen María y de todos los santos. Y también
nos obliga a guardar de modo fidelísimo las promesas hechas a Dios.
Estas promesas deben ser respetadas en justicia. Ser infiel a ellas es
abusar del nombre de Dios y, en cierta manera, hacer de Dios un mentiroso
(cf. 1Jn 1,10). Sé fiel hasta la muerte y yo te dará la corona de la
vida (Ap. 2:10). Dios en su día dirá a cada uno de quienes le han sido
leales: Bien, buen siervo y fiel... entra en el gozo de tu Señor (Mt.
25:21).
Responde: ¿Cómo es mi
respeto por Dios? ¿Cómo es mi veneración? ¿Es al mismo tiempo cariñosa y
llena de respeto, como corresponde a los hijos para con sus padres? ¿Qué
conciencia tengo de las promesas que he hecho a Dios? ¿Tengo el
sentimiento de lealtad y fidelidad propio de un consagrado o de un laico
comprometido?
15ª MEDITACIÓN: DIOS ES
UN PADRE QUE VE EN LO SECRETO
1)
Tu Padre que ve en lo secreto, te
recompensará (Mt
6,4); Tu Padre, que está allí, en lo secreto (Mt 6,6; 6,18).
Asombra la cantidad de veces que Jesús habla en el Sermón de la Montaña
sobre “lo secreto” para referirse al ámbito íntimo de la acción del Padre.
Lo secreto es la intimidad del alma, el núcleo profundo del corazón y de
la conciencia.
2)
Jesús dice que el Padre ve allí dentro, está,
oye, actúa. Dios está en todas partes pero también está en lo más íntimo
del alma. San Agustín: “Tarde te amé, Belleza, tan antigua y tan nueva,
¡tarde te amé! Estabas dentro de mí, y yo te buscaba por fuera... Me
lanzaba como una bestia sobre las cosas hermosas que habías creado.
Estabas a mi lado, pero yo estaba muy lejos de Ti. Esas cosas... me tenían
esclavizado. Me llamabas, me gritabas, y al fin, venciste mi sordera.
Brillaste ante mí y me liberaste de mi ceguera... Aspiré tu perfume y te
deseé. Te gusté, te comí, te bebí. Me tocaste y me abrasé en tu paz”.
3)
Y el Padre está allí dentro del alma para
recompensar (Mt 6,4), para escuchar (Mt 6,6), para ver (Mt
6,8). Es un consuelo saber que Dios Padre está siempre “disponible” para
quien quiere buscarlo dentro de sí mismo.
4)
Pero no está allí “de cualquier modo”. El Padre
viene al alma por la gracia, por el amor a Dios que se manifiesta
en el cumplimiento de los mandamientos. San Juan ha escrito: Quien ama
al mundo, el amor del Padre no está en él (1Jn 2,15). Quien
permanece en el amor, permanece en Dios y Dios en él (1Jun 4,16).
Puede ser que Dios no esté en algunos. No está en quienes no viven como
él vivió (1Jn 2,6).
5)
“Alma querida, tú andas buscando a Dios, y Él
está en todas partes. Todo te lo revela, todo te lo da, está junto a ti, a
tu alrededor, en ti misma ¡y andas buscándole! Posees la sustancia de
Dios, y buscas su idea. Buscas la perfección, y está en todo cuanto de sí
mismo se te presenta. Tus sufrimientos, tus acciones, tus inclinaciones,
son enigmas bajo los cuales se da Dios a ti por sí mismo, mientras que
vanamente sueñas ideas sublimes, de las que no quiere servirse para morar
en ti” (J.P. de Caussade).
6)
Pero quienes viven como ha vivido Jesús, caminan
por sus mandamientos, son fieles a sus promesas a Dios, pueden estar
seguros que Dios está dentro de sus corazones, que siempre pueden hablar
al Padre y siempre son escuchados por Él. Debemos, pues, entrar en
nuestro aposento interior para buscar el rostro del Padre.
7)
Busca a Dios, que gusta esconderse: “Gusta Dios
de disfrazarse para elevar al alma a una pura fe, con la que siempre le
encuentra, por más que se encubra bajo enigmas obscuros, pues ella conoce
el secreto de Dios, y le dice como a la esposa: Allí está; miradlo
detrás de la cerca; mira por la ventana, acecha por entre las celosías
[Cant 2,9] (J. P. de Caussade).
Responde: ¿Cómo es mi
conciencia de la presencia de Dios Padre? ¿Cómo es mi diálogo personal con
Dios Padre? ¿Cómo debería ser ese trato de amistad y confianza con Dios
Padre en lo interior de mi alma?
16ª MEDITACIÓN: DIOS ES
UN PADRE ATENTO
1)
Tu Padre sabe lo que necesitas antes que se
lo pidas (Mt 6,8).
2)
En el mundo hay padres ciegos. En el mundo
abundan los padres ausentes de sus hogares, los padres que desconocen lo
que les sucede a sus hijos, lo que los angustia, lo que los apena y
entristece. En el mundo hay padres sin corazón, capaces de olvidarse de
sus hijos; porque el corazón humano es limitado y pobre, capaz del olvido
y de la indiferencia.
3)
Pero Dios no es así: ¿Acaso olvida una mujer
a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque
ésas llegasen a olvidar, yo no te olvido (Is 49,15). Nuestro Padre nos
conoce mejor de cuanto nos conocemos nosotros mismos. Dios no ignora
quiénes somos ni cómo somos.
4)
Jesús describe a su Padre como “atento de
antemano”. Sólo un corazón maternal, intuitivo, adivino, puede saber lo
que alguien (el hijo) necesita antes que éste pueda pedirlo. Así es
el Padre, según Jesús. No está distraído ante nuestras necesidades; no
mira sólo de tanto en tanto, sino que mira siempre. Sabe lo que
necesitamos antes que lo sepamos nosotros, y está dispuesto a darnos lo
que necesitamos antes que nosotros sepamos cómo se pide.
5)
Pero no siempre lo que necesitamos
coincide con lo que creemos necesitar. Nuestro Padre conoce sin
yerros nuestras necesidades verdaderas; nosotros no; estamos sujetos al
error, a veces pedimos: ¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo
que le pide pan le dé una piedra; o si le pide un pez, le dé una culebra?
(Mt 7,9-10). Pero nosotros a veces pedimos piedras cuando necesitamos pan
y pedimos culebras cuando necesitamos peces. A menudo cuando decimos
“necesito” deberíamos decir “me gustaría”, “me encapricha”, o
simplemente “creo necesitar”.
6)
Debemos, pues, confiarnos en las manos de Dios
que es amoroso, preveniente y providente.
Responde: ¿Cómo es mi
confianza en Dios Padre? ¿Cómo es mi petición a Dios Padre?
17ª MEDITACIÓN:
ABANDONARSE EN LAS MANOS DE DIOS
1)
Jesús pide un abandono filial en la providencia
del Padre celestial que cuida de las más pequeñas necesidades de sus
hijos: No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿qué vamos a comer?, ¿qué
vamos a beber?... Ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de
todo eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os
darán por añadidura (Mt 6, 31-33).
2)
Mt 10, 29-31: ¿No se venden dos pajarillos
por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el
consentimiento de vuestro Padre. En cuanto a vosotros, hasta los cabellos
de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; vosotros valéis
más que muchos pajarillos.
3)
Cristo nos invita al abandono filial en la
providencia de nuestro Padre celestial: Mirad las aves del cielo: no
siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial
las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? Por lo demás, ¿quién de
vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida
de su vida? Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del
campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni
Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Pues si a la
hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste,
¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No andéis, pues,
preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué
vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues
ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad
primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por
añadidura. Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de
sí mismo. Cada día tiene bastante con su propia preocupación (Mt
6,26-34.)
4)
Por eso el apóstol san Pedro insiste:
Confiadle todas vuestras preocupaciones pues él cuida de vosotros (1 P
5, 7). Y los Salmos: Descarga en Yahveh tus preocupaciones y él te
sustentará; no dejará que para siempre zozobre el justo (Sal 55,23).
5)
Por qué debemos abandonarnos en las manos de
Dios.
a.
Porque nada sucede, que de toda la eternidad no
haya Dios previsto y querido, o por lo menos permitido. Incluso cuando
sólo es permitido por Dios, por ser un mal, siempre es con miras a bienes
mayores.
b.
Porque Dios no puede querer ni permitir cosa que
no esté conforme con el fin que se propuso al crear, es decir, con la
manifestación de su bondad y de sus infinitas perfecciones y con la gloria
del Verbo encarnado, Jesucristo, su Unigénito: Todo es vuestro: ya sea
Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, el presente, el futuro,
todo es vuestro; y vosotros, de Cristo y Cristo de Dios (1Cor 3,
21-23).
c.
Porque todas las cosas contribuyen al bien de
los que Dios ama (cf. Rom 8,28).
6)
Oración de Carlos de Foucauld: “Padre, Me pongo
en tus manos. Haz de mí lo que quieras. Sea lo que fuere, Por ello te doy
las gracias. Estoy dispuesto a todo. Lo acepto todo, Con tal de que se
cumpla Tu voluntad en mí Y en todas tus criaturas. No deseo nada más,
Padre. Te encomiendo mi alma, Te la entrego Con todo el amor de que soy
capaz, Porque te amo y necesito darme, Ponerme en tus manos sin medida,
Con infinita confianza, Porque tu eres mi Padre”.
Responde: ¿Dónde están mis
preocupaciones? ¿Qué es lo que más busco? ¿En qué medida me confío a la
Providencia divina?
18ª MEDITACIÓN: EN QUÉ
CONSISTE EL ABANDONO EN DIOS
1)
Abandonarse en las manos de Dios consiste en
ceder completamente a Dios los derechos sobre la propia vida, el derecho
sobre los planes, pensamientos, proyectos, deseos. Consiste en guiarse no
por nuestras propias miras, sino por las de Dios. Buscar su
voluntad, y hacer sólo su voluntad.
2)
Consiste además en vivir el momento presente:
ver a Dios aquí y ahora; ¿qué quiere Él aquí y ahora? No preocuparnos por
el pasado y menos por el futuro; todo lo que no sea presente ha de dejarse
en las manos de la Providencia divina. Implica preocuparse solamente por
el amor y obediencia a la voluntad actual de Dios (lo que Él quiere aquí y
ahora).
3)
Consiste en poner simplemente la propia buena
voluntad para dejarse guiar por Dios; convertirse en instrumento de Dios,
como el instrumento que usa el obrero para su obra. Consiste en acoger la
inspiración y la moción divina.
4)
Esta moción divina se manifiesta no por el
capricho sino por dos vías:
a.
La primera es a través de la voluntad de Dios
ya expresada: esta voluntad divina la conocemos a través de los diez
mandamientos, de la ley natural, de los preceptos de la Iglesia, de
nuestros votos y promesas cuando han sido aceptados por la Iglesia, los
reglamentos de la comunidad o casa donde vivimos, si es que somos
consagrados. Dios quiere aquí y ahora eso: el cumplimiento de todas estas
cosas. No es posible dudar de esta voluntad. Dios quiere que vivamos en
total fidelidad esta voluntad divina.
b.
Pero hay, además, otro campo en que se
manifiesta la voluntad divina: es la voluntad divina de beneplácito.
Esta voluntad consiste en aquello que no está contenido en la anterior; es
lo que se manifiesta en lo que, de modo extraordinario, nos pide Dios a
través de nuestros superiores, de las inspiraciones divinas del momento.
Esta voluntad jamás se opone a la anterior; la supone y agrega nuevos
pedidos de Dios.
5)
“No hay
camino espiritual que sea más seguro que esta sencilla vía, ni que sea tan
claro y fácil, tan amable y tan libre de errores e ilusiones. La persona
ama a Dios, cumple sus deberes cristianos, frecuenta los sacramentos,
practica las obras exteriores de religión que obligan a todos, obedece a
sus superiores, cumple sus deberes de estado, resiste continuamente las
tentaciones de la carne, la sangre y el demonio. Nadie, en efecto, es más
atento y vigilante para cumplir con sus obligaciones que las almas que van
por esta vía” (J.P. de Caussade).
6)
“¡Qué claro y luminoso es este camino! Lo
defiendo y lo enseño sin ningún temor, y estoy seguro de que todos me
comprenden cuando digo que toda nuestra santificación consiste en recibir
en cada instante las penas y deberes de nuestro estado como velos que nos
ocultan y nos dan al mismo Dios” (J.P. de Caussade).
Responde: ¿Cómo es mi
abandono en las manos de Dios? ¿Por qué miras y proyectos me guío: por los
míos o los de Dios? ¿Hasta dónde me “urge” el buscar la voluntad de Dios?
¿Discuto la voluntad de Dios? ¿Me alegra la voluntad de Dios? ¿Acepto con
dolor la voluntad de Dios?
19ª MEDITACIÓN: DE QUÉ
MANERA DEBEMOS ABANDONARNOS EN LAS MANOS DE DIOS
¿Cuál tiene que
ser el espíritu con que nos abandonemos en las manos de Dios?
1)
En las cosas que no dependen de la voluntad
humana (accidentes imprevistos, enfermedades incurables, etc.) nunca
podremos excedernos en nuestro abandono en Dios. Toda resistencia, además,
sería inútil. El P. Girard, como cuenta Garrigou-Lagrange, después de
recibir el diaconado, quedó atacado de tuberculosis ósea, que le
inmovilizó en el lecho durante veintidós años; todos los días ofrecía sus
dolores por los sacerdotes; no habiendo tenido la dicha de celebrar la
Misa, se unía diariamente al sacrificio incruento de Jesucristo. Nunca
pensó que su enfermedad hubiese malogrado su vocación. Mejor aún, su
enfermedad dio plenitud a su sacerdocio. El abandono convierte las pruebas
actuales o venideras en medios de santificación, inspiradas por el amor.
2)
Cuando las pruebas vienen de la malevolencia de
los hombres (calumnias, persecuciones, afrentas, burlas). Mientras sólo
afecten a nuestra persona debemos aceptarlas con serenidad, sin
defendernos. Así enseñó Jesucristo: Si alguno te hiere en la mejilla
derecha, pon también la izquierda (Mt 5,39). Sólo debemos responder
cuando el mal hecho a nosotros afecte a otros (si en nosotros insultan a
la Iglesia de Cristo) o podemos esperar un bien para el mismo detractor;
pero en este caso se debe responder debemos hacerlo sin pasión, y poniendo
en manos de Dios el éxito de nuestra respuesta.
3)
Cuando las molestias o castigos nos vienen por
nuestras faltas o nuestra imprudencia o flaqueza, debemos aceptar en
silencio y humildad el castigo y abandonarnos gustosos en las manos de
Dios. Debemos decir con el Salmo: Es un bien para mí ser humillado,
para que aprenda tus preceptos. Yo sé, Yahveh, que son justos tus juicios,
que con lealtad me humillas tú (Sal 119,71-75). Como los santos
debemos amar que no nos conozcan, que nos ignoren y que no nos estimen
en nada.
4)
San Francisco de Sales escribía (Entretien,
2): “Nuestro Señor Jesucristo ama con extremada ternura a aquellos que
cifran su dicha en abandonarse totalmente a su cuidado paternal, dejándose
gobernar por la divina Providencia, sin pararse a considerar si los
efectos de esta Providencia les serán útiles y provechosos, o
perjudiciales; les guía la certeza que tienen de que nada les ha de enviar
este divino y amabilísimo corazón, ni cosa alguna permitirá que les
suceda, que no sea para utilidad y provecho de las almas, con sólo que
pongan en él toda su confianza. Como nos abandonemos enteramente a su
divina Providencia, supuesto el cumplimiento de nuestros deberes
cotidianos, Nuestro Señor cuida de todo y lo dirige todo... Entonces el
alma es para él como un niñito para con su madre; cuando ella le deja en
tierra para caminar, camina hasta que de nuevo lo toma en sus brazos; y si
la madre quiere llevarle, no se opone: no sabe ni piensa a dónde va, mas
de deja llevar y conducir a donde su madre quiera”.
20ª MEDITACIÓN: BUSCAR
EL ROSTRO DE DIOS PADRE
1)
“Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón
está inquieto hasta que descanse en ti” (San Agustín, Confesiones).
Tenemos una necesidad insuprimible de buscar el rostro de Dios. Es una
experiencia atestiguada por las diversas tradiciones religiosas.
2)
Muchos hombres hacen esta búsqueda de Dios «a
tientas», como dijo san Pablo en el discurso a los atenienses (cf. Hch 17,
27). ¿Cómo la hacemos nosotros? Todos los hombres sienten esta
necesidad de tener un Padre divino; incluso los que se fabrican ídolos,
como dice Jeremías: Dicen a un trozo de madera: "Mi padre eres tú", y a
una piedra: "Tú me diste a luz" (Jr 2 27).
3)
Para los antiguos griegos el dios Zeus
manifestaba su paternidad tanto con la benevolencia como con la ira y la
maldad. En la Odisea se lee: «Padre Zeus, nadie es más funesto que tú
entre los dioses. No tienes piedad de los hombres, después de haberlos
engendrado lo lanzas a la desventura y a grandes dolores». ¿Es así nuestra
idea de Dios a veces?
4)
Dios se queja de que sus hijos no lo buscan:
Dice el Señor: Hijos crié y saqué adelante, y ellos se rebelaron contra mí
(Is 1,2). Y él invita a ser buscado: Oigo en mi corazón: "Buscad mi
rostro". Tu rostro buscaré Señor (Sal 27, 8). Buscar el rostro de Dios
es un camino necesario, que se debe recorrer con sinceridad de corazón y
esfuerzo constante. Sólo el corazón del justo puede alegrarse al buscar el
rostro del Señor (cf. Sal 105, 3 ss) y, por tanto sobre él puede
resplandecer el rostro paterno de Dios (cf. Sal 119,135).
5)
Jesús nos muestra en su propio Corazón, el
rostro paternal de Dios; a Felipe, que le pide: Muéstranos al Padre y
esto nos basta (Jn 14, 8), le responde que conocerlo a él significa
conocer al Padre, porque el Padre obra por él (cf. Jn 14,8-11). Así pues,
quien quiere encontrar al Padre necesita creer en el Hijo: mediante él
Dios no se limita a asegurarnos una próvida asistencia paterna, sino que
comunica su misma vida, haciéndonos «hijos en el Hijo». Es lo que subraya
con emoción y gratitud el apóstol san Juan: Mirad qué amor nos ha
tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, y ¡lo somos! (1 Jn 3,
1).
Responde: ¿Busco el rostro
de Dios Padre? ¿Veo el rostro del Padre reflejado en la misericordia de
Jesucristo, en su pecho compasivo, en su vocación consoladora?
21ª MEDITACIÓN: EL PADRE
PERMITE EL MAL
1)
¿Por qué Dios no creó un mundo tan perfecto que
en él no pudiera existir ningún mal? En su poder infinito, Dios podría
siempre crear algo mejor (Santo Tomás de Aquino). Sin embargo, en su
sabiduría y bondad infinitas, Dios quiso libremente crear un mundo “en
estado de vía” hacia su perfección última. Este devenir trae consigo en el
designio de Dios, junto con la aparición de ciertos seres, la desaparición
de otros; junto con lo más perfecto lo menos perfecto; junto con las
construcciones de la naturaleza también las destrucciones. Por tanto, con
el bien físico existe también el mal físico, mientras la creación no haya
alcanzado su perfección.
2)
Dios permite el mal, incluso (respetando la
libertad de su criatura) el pecado; pero, misteriosamente, sabe sacar de
él el bien: “Porque el Dios Todopoderoso... por ser soberanamente bueno,
no permitiría jamás que en sus obras existiera algún mal, si El no fuera
suficientemente poderoso y bueno para hacer surgir un bien del mismo mal”
(San Agustín).
3)
Debemos ser conscientes de que sólo con el
tiempo se puede descubrir que Dios, en su providencia todopoderosa, puede
sacar un bien de las consecuencias de un mal, incluso moral, causado por
sus criaturas: No fuisteis vosotros, dice José a sus hermanos, los que
me enviasteis acá, sino Dios..., aunque vosotros pensasteis hacerme daño,
Dios lo pensó para bien, para hacer sobrevivir... un pueblo numeroso (Gn
45,8; 50,20). Por eso, del mayor mal moral que ha sido cometido jamás (el
rechazo y la muerte del Hijo de Dios, causado por los pecados de todos los
hombres) Dios, por la superabundancia de su gracia (Rm 5,20), sacó el
mayor de los bienes: la glorificación de Cristo y nuestra Redención.
4)
San Pablo nos recuerda esta difícil verdad:
Todo coopera al bien de los que aman a Dios (Rm 8,28). Los santos lo
confirman:
a.
Santa Catalina de Siena dice a los que se
escandalizan y se rebelan por lo que les sucede: “Todo procede del amor,
todo está ordenado a la salvación del hombre, Dios no hace nada que no sea
con este fin”.
b.
Santo Tomás Moro, poco antes de su martirio,
consuela a su hija: “Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que
El quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad lo mejor”.
c.
Juliana de Norwich: “Yo comprendí, pues, por la gracia de
Dios, que era preciso mantenerme firmemente en la fe y creer con no menos
firmeza que todas las cosas serán para bien...
Tú verás que todas las cosas serán para bien”.
5)
Debemos creer firmemente que Dios es el Señor
del mundo y de la historia; que, con frecuencia, no conocemos los caminos
de su providencia; y que sólo al final de la historia, cuando tenga fin
nuestro conocimiento parcial y veamos a Dios cara a cara (1Co
13,12), entenderemos plenamente los caminos por los cuales, incluso a
través de los dramas del mal y del pecado, Dios conduce toda la creación
hasta la gloria.
Responde: ¿Cómo es mi
confianza en la guía providente que Dios hace de la historia? ¿Me
escandaliza el mal, el pecado, la caída de los buenos, la injusticia de
los malos? ¿Dejo a Dios todo juicio insondable que me supera? ¿Me
desespera o entristece el ver el mal y el sufrimiento del inocente? ¿Soy
capaz de agachar la cabeza y adorar en silencio los planes divinos que no
puedo entender?
LETANÍAS A LA DIVINA
PROVIDENCIA
-Señor,
ten piedad de nosotros
-Cristo,
ten piedad de nosotros
-Señor,
ten piedad de nosotros
-Cristo,
óyenos
-Cristo,
escúchanos
-Dios,
Padre celestial, Ten piedad de nosotros
-Dios,
Hijo Redentor del mundo,
-Dios,
Espíritu Santo,
-Trinidad
Santa, Un solo Dios,
-Dios, en
quien vivimos, nos movemos y somos,
-Tú, que
creaste el cielo, la tierra y el mar,
-Tú, que
creaste las cosas según su medida, número y peso,
-Tú, que
equilibraste los cielos con tu mano y señalaste sus límites al mar,
-Tú, que
lo diriges todo según el designio de tu voluntad,
-Tú, Dios
omnipotente y sapientísimo,
-Tú, que
abres tu mano y colmas de bendiciones a todos los vivientes,
-Tú, que
haces salir el sol sobre los justos y pecadores,
-Tú, que
alimentas las aves del cielo y vistes los lirios del campo,
-Tú, Dios
lleno de bondad y de misericordia,
-Tú, que
diriges todo al bien de los que te aman,
-Tú, que
envías la tribulación para probarnos y perfeccionarnos,
-Tú, que
sanas a los heridos y levantas a los abatidos del corazón,
-Tú, que
premias con alegría eterna la paciencia cristiana,
-Padre de
bondad y Dios de todo consuelo.
-Senos
propicio Perdónanos, Jesús.
-Senos
propicio Escúchanos, Jesús.
-De todo
mal, Líbranos Señor
-De todo
pecado,
-De tu
ira,
-De la
peste, el hambre y la guerra,
-Del rayo
y de la tempestad,
-Del
granizo, de la lluvia y de la sequía destructores,
-De la
pérdida de las cosechas y de la carestía,
-De toda
desconfianza en tu divina Providencia,
-De la
murmuración y quejas contra tus santas disposiciones,
-Del
desánimo y la impaciencia,
-De la
excesiva preocupación de las cosas temporales,
-Del abuso
de tus gracias y beneficios,
-De la
insensibilidad para con el prójimo,
-En el día
del juicio.
-Nosotros,
pecadores, Te rogamos óyenos
-Que
siempre confiemos en tu divina Providencia,
-Que no
seamos arrogantes en la buena fortuna, ni desalentados en la calamidad,
-Que nos
sometamos filialmente a todas tus disposiciones,
-Que
alabemos tu Nombre cuando quieras darnos algo o cuando quieras
quitárnoslo,
-Que nos
des lo necesario para la conservación de nuestra vida,
-Que te
dignes bendecir nuestros esfuerzos y trabajos,
-Que te
dignes darnos fortaleza y paciencia en todas las adversidades,
-Que te
dignes conducirnos por la tribulación a la enmienda,
-Que te
dignes concedernos la alegría eterna por los padecimientos temporales
-Cordero
de Dios, que quitas los pecados del mundo, Perdónanos, Jesús.
-Cordero
de Dios, que quitas los pecados del mundo, Óyenos, Jesús.
-Cordero
de Dios, que quitas los pecados del mundo, Ten misericordia de nosotros
Jesús.
Oración.
Omnipotente y sempiterno Dios que nos has concedido a tus siervos el don
de conocer la gloria de la eterna Trinidad en la confesión de la verdadera
fe, y la de adorar la unidad en el poder de tu majestad; te rogamos que
por la firmeza de esta misma fe, nos libres siempre de todas las
adversidades. Por Cristo Nuestro Señor. Amén. |