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Realmente nos podemos servir de cualquier
tema para predicar un sermón. Para demostrar esto yo quiero hablar de una
comida tradicional japonesa.
Se trata del pez
fugu, conocido también como pez globo, pez hinchado, pez marejada, sapo de
mar y pez erizo, pertenece a la familia de los tetraodontoideos, de la que
existen más de 100 variedades en todo el mundo. Los peces globo tienen la
capacidad única de inflarse como balones, tragando aire o agua a través de
una glándula especial que llevan en el estómago.
Este pez es una de
las especialidades culinarias del Japón. Es un manjar que se sirve en
cientos de restaurantes especializados en Japón, país donde se consumen
9.000 toneladas de fugu al año. Y esto a pesar de increíble precio que se
suele pagar por consumirlo. Un shashimi de fugu en un restaurante de las
afueras de Tokio cuesta un mínimo 15 euros; este mismo plato en un sitio
elegante de Ginza llega hasta los 40 ó 50 euros. En una de las formas de
prepararlo llega a costar unos 160 euros el kilo. En Estados Unidos, donde
hay varios restaurantes japoneses que preparan esta comida, una porción
completa de fugu cuesta entre 150 a 200 dólares por persona.
Una de las maneras
de servirlo en es finas fetas crudas, casi siempre arregladas
artísticamente en el plato, imitando la forma de los pétalos de
crisantemo, que es la flor de la muerte en el Japón.
Los aficionados
valoran mucho su textura, a medio camino entre lo crujiente y lo carnoso,
y su sabor fresco y límpido. Para estas personas es el más delicioso de
los pescados. Pero, sobre todo, su consumo resulta mucho más seductor por
los riesgos que implica. Los amantes del fugu hablan de la sensación que
produce en la lengua un trozo de este pescado, una especie de cosquilleo
que ellos denominan shiko-shiko. Pero la sensación más destacada que
desean percibir es la de esa euforia cálida y estremecedora que les
produce, muy similar a los efectos que origina el consumo de carne de
serpiente. Éste es el primero, y deseablemente, el último de los síntomas
que se derivan de la ingesta de veneno.
En efecto, el cuerpo
del fugu está plagdo con una tetrodoxina neurotoxica, uno de los venenos
más tóxicos del planeta. La tetradoxina es 1.250 veces más enérgica que la
cianida y un sólo shirako tiene la cantidad suficiente de ella como para
matar a 30 hombres. Como tan frecuentemente ocurre en la naturaleza, la
hembra o mako es mucho más letal que el macho, puesto que sus ovarios
contienen una mayor concentración de veneno que los testículos de los
machos. Este veneno es totalmente incoloro, inodoro e insípido, por lo que
siempre resulta imposible detectarlo al 100 %. Según estudios médicos,
cerca del 60 por ciento de las personas que ingieren fugu contaminado
mueren.
Después de media
hora de consumido el fugu envenenado, las víctimas presentan síntomas como
debilidad, atontamiento, picazón en la lengua y en la boca, náuseas,
diarrea y sudor. La parálisis se extiende por el cuerpo y, con la víctima
consciente de todo esto, se inician convulsiones y ahogo. A todo este
colapso físico le sigue una parálisis generalizada que, en último término,
alcanza a los pulmones. La muerte sobreviene en menos de 24 horas en un
60% de los casos. Y eso, con suerte. Las víctimas menos afortunadas se ven
postradas en una especie de estado de flotación, plenamente conscientes y
dentro de un cuerpo que, por su apariencia, está totalmente muerto. La
persona puede morir por fallas respiratorias entre 6 y 24 horas después,
dependiendo de la cantidad de la toxina ingerida.
Es tan peligroso
este pescado que no cualquier chef está autorizado a cocinarlo. Un chef de
un restaurante donde se sirve fugu, debe pasar generalmente dos años en
calidad de aprendiz de un cualificado especialista en la preparación del
fugu antes de poder presentarse a los exámenes que sobre la elaboración de
esta especialidad (se celebran todos los meses de agosto en Tokio). Entre
otras, hay que hacer una prueba por escrito de 20 minutos de duración en
la que se incluyen temas como la identificación de diferentes tipos de
fugu, los grados de toxicidad relativa de los órganos internos del pescado
y un breve apartado sobre primeros auxilios a clientes que se pudieran ver
afectados por el veneno. Solamente un 25% de los candidatos supera esta
primera prueba. A continuación, hay que hacer una demostración práctica de
habilidad en la que los candidatos tienen que probar que son capaces de
identificar con absoluta precisión las diferentes especies, determinar el
sexo del pescado, diseccionar su carcasa de protección y decidir cuáles
son las partes peligrosas.
De aquí se entienden
unos versos tradicionales del Japón:
“Anoche él y yo comimos fugu;
hoy, ayudé a cargar su ataúd”.
Cuando se come fugu,
el comensal pone su vida en las manos del chef. En enero de 1975 ocurrió
una de las muertes más resonadas a causa del fugu: Mitsugoro Bando VIII,
uno de los más famosos actores Kaburi, designado oficialmente por el
Gobierno Japonés como “tesoro nacional viviente”, murió de parálisis y
convulsiones por comer hígado de fugo en un restaurante de
Kyoto. Los chefs tienen prohibido servir hígado de fugu,
pero a veces se rinden ante los apasionados pedidos del gourmet. Mitsugoro
Bando pagó con la muerte un manjar de cuatro fetas de fugu.
A pesar de todo esto una
de las cosas que hacen tan deseable este pez para algunas personas es la
combinación entre exquisito y refinado gusto y ¡el riesgo o atractivo de
jugarse la vida en cada bocado! Alguien lo ha definido muy bien como “la
ruleta rusa” japonesa. Nosotros podríamos añadir que se trata de un caro “coqueteo
con la muerte”.
Pues bien, éste es
un admirable símbolo del verdadero y más peligroso coqueteo con la muerte
que llamamos en lenguaje cristiano “la ocasión de pecado”.
La
ocasión de pecado es toda aquella situación en la que el
hombre se encuentra en peligro de caer en pecado.
Se distingue de la
tentación al ser una realidad externa que se presenta como motivo de
pecado. La tentación, en cambio, es sólo una sugestión interior.
La ocasión de pecado puede ser:
a) próxima: si el peligro de pecar es muy grande y la comisión del
pecado casi segura;
b) remota: si el peligro de pecar no es grande;
c) voluntaria: si el hombre la busca libremente;
d) necesaria: cuando es física o moralmente
inevitable.
Los principios morales en relación a la ocasión de pecado son:
1º La ocasión próxima voluntaria de pecar gravemente, es
gravemente pecaminosa. Existe, por tanto, el deber absoluto de evitar ese
tipo de ocasiones, al grado de exigirse como condición previa
indispensable para recibir la absolución sacramental, pues no manifestaría
sincero arrepentimiento el que no se aparte de la ocasión próxima
voluntaria; p. ej., no podría impartirse la absolución al que no quisiera
deshacerse de las revistas obscenas que le suponen ocasión de pecar (cfr.
Mt. 5, 29 ss.; 18, 8; Dz. 1211-1213).
2º En la ocasión próxima
necesaria, el hombre debe emplear todos los medios a su alcance para
alejar en lo posible la ocasión de pecar y restarle influencia. En otras
palabras, debe convertir la ocasión próxima en remota.
3º Es imposible al hombre
evitar todas las ocasiones remotas de pecar, especialmente en relación al
pecado venial, tanto por la fragilidad de su naturaleza como por los
peligros externos. Debe, sin embargo, aumentar por ello su confianza en
Dios y acudir con m s frecuencia a los medios sobrenaturales, evitando
igualmente la excesiva inquietud.
El que no comprende la
gravedad de las ocasiones de pecado y vive colocándose o metiéndose en
estas ocasiones, es una persona que está poniendo su vida en las manos de
un chef inexperto y desafía la misericordia de Dios probando hasta dónde
llega su paciencia y hasta dónde nos sacará de los peligros en los que
nosotros nos exponemos por nuestra necedad.
Pero hay dos frases de la
Sagrada Escritura que nos deben llevan a usar nuestra razón: la primera:
“no tentarás al Señor tu Dios”; la segunda: “el que ama el peligro,
perecerá en él”.
Que Dios nos dé buen
entendimiento. |