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La pornografía mueve cada año 60.000 millones de euros en el mundo, una
cifra que, aunque podría escandalizarnos, resulta normal si tenemos en
cuenta que unos 250 millones de personas en el mundo son consumidores de
esta clase de "entretenimiento", según datos de la revista FORBES. La
industria del cine y el vídeo es la que mayores beneficios obtiene dentro
del mercado del sexo: en Estados Unidos se ruedan cada año 13.000
películas porno y en Europa, unas 1.500, lo cual provoca que las
productoras alcancen alrededor del 40 por ciento de beneficio por
película. Esta cifra también resulta normal considerando que el coste
medio de una película porno es de unos 30.000 euros, y que las ganancias
se sitúan en torno a los 3.000 euros en las salas X, 12.000 en el circuito
de vídeo, otros 12.000 por la venta de los derechos en el extranjero. La
lista se completa con las televisiones de pago, cada una de las cuales
puede pagar hasta 6.000 euros por cada media docena de pases. Tan amplia
es la facturación de ciertas empresas que alguna de ellas ya cotiza en
Bolsa.
En España, concretamente durante el año 2000, el Ministerio de Cultura
clasificó 1.028 títulos como "X" frente a las 1.480 películas que
recibieron la calificación de "Para todos los públicos". En cuanto a los
usuarios de la pornografía en nuestro país, 850.000 personas consumen este
tipo de productos, de los que el 45 por ciento son consumidores
habituales. Pero donde más se ha disparado el consumo de pornografía en
los últimos años ha sido en Internet. El anonimato, el fácil acceso y la
inmediatez es lo que ha hecho de este medio el "paraíso" para los usuarios
de esta actividad. Los internautas españoles son los ciudadanos que
visitan más páginas de contenido sexual: según el anuario eEspaña 2001,
realizado por Retevisión, el 38 por ciento de los cibernautas españoles
navega por webs de contenido pornográfico.
Una práctica peligrosa
La iniciación a la pornografía puede darse por simple curiosidad, por la
simple búsqueda de placer fácil que el usuario novato puede considerar de
lo más inocente -aunque vergonzosa-, porque se trata de algo de uso
personal. Sin embargo, esta simple intención de pasar un buen rato mirando
una página web de contenido sexual, ojeando una revista porno o viendo una
película "X" conlleva consecuencias muy graves que pueden afectar
seriamente no sólo a la integridad psíquica y física del consumidor de
pornografía, sino también a la integridad de los que le rodean.
Según Josep Antón Arrebola, secretario general del Consorcio ECPAT España
() -dedicado a combatir la explotación sexual
infantil-, "cuanta más pornografía se consume, más aumenta el deseo de
seguir consumiéndola, lo que refleja la presencia de alguna dificultad
importante para mantener una vida sexual normal, porque el consumidor de
pornografía utiliza esos materiales como sustitutivos". De igual parecer
se muestra el sexólogo Ferran Trullols, quien asegura que "poco a poco la
persona va perdiendo sensibilidad, por lo cual debe aumentar sus
estímulos, que cada vez son menos personales y más genitalizados. Al final
se produce una búsqueda incesante de nuevas experiencias, que nunca llegan
a satisfacer del todo, lo que la convierte en adicta a la pornografía".
Existen, pues, muchos adictos a la pornografía que no saben que lo son.
¿Cómo curar esta adicción? Según Trullols, "es imprescindible la
colaboración activa del adicto. Una vez pasada la primera fase de
aceptación de su adicción, se pasa a reestructurar su pensamiento,
informándole de lo que es un cuerpo humano, una persona, y enseñándole el
respeto a su propia dignidad y a la de los demás. Es un tratamiento largo,
progresivo y costoso".
La pornografía y los abusos a menores
Pero como en todas las adicciones, el consumidor de pornografía necesita
cada vez dosis mayores para que su cuerpo y su mente reciban el mismo
estímulo que al principio. El adicto tiene la necesidad de experimentar
nuevas sensaciones. Además, esta actitud puede degenerar en delitos como
la pornografía infantil y el abuso a menores.
Según Arrebola, "la pornografía infantil, con sus elementos adictivos, tan
sólo constituye un sustituto temporal del abuso físico, y además fomenta
el deseo en el consumidor de pasar a la acción y protagonizar en el mundo
real aquello que le venía proporcionando el placer sexual hasta ahora".
Además "la producción, distribución, venta, exhibición y consumo de
cualquier tipo de pornografía infantil es en sí un delito de explotación
sexual infantil, pues cada vez que un consumidor visualiza una imagen de
un menor siendo abusado, se reproduce automáticamente la situación de
abuso".
Actualmente, la explotación sexual comercial infantil (ESCI) es
cuantitativamente la tercera industria ilegal a escala mundial, después
del tráfico de armas y el tráfico de drogas. Según Arrebola, "existen unos
100 millones de menores en todo el mundo atrapados en redes de explotación
sexual", de los cuales se calcula que 5.000 se encuentran en España. Estos
abusos aumentan con el llamado "turismo sexual", una práctica muy común
que algunos ciudadanos del Primer Mundo practican en países de
Latinoamérica y Asia. "Entre 30.000 y 35.000 ciudadanos españoles viajan
cada año a América Latina con el exclusivo propósito de tener relaciones
sexuales con menores", asegura Josep Anton Arrebola.
La edad media de las víctimas está bajando alarmantemente por temor al
SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual. Si hace unos años era de
unos 10-12 años, en la actualidad se sitúa entre los 4 y los 8. En este
sentido, la legislación española no ayuda en absoluto a resolver esta
grave situación. Actualmente, el Código Penal español permite que alguien
de 60 años seduzca a un menor de 14, ya que la edad del consentimiento
sexual se sitúa en los 13 años. En caso de que el padre del menor trate de
evitarlo, puede ser sancionado por incurrir en un delito de coacción.
Conciencia social y educación
¿Cómo podría la sociedad acabar con el abuso a menores y la explotación
sexual infantil? Según el doctor Trullols, "el problema está en la
sociedad, que debería ser personalista. A los ciudadanos en la teoría se
les llena la boca de grandes defensas de la persona, pero en sus
manifestaciones prácticas son hedonistas y utilitaristas. Esta
incongruencia social favorece los abusos."
Por su parte, Arrebola asegura que "lo más importante es crear conciencia
social de que existe este problema para que la sociedad pierda el miedo a
asumirlo y se posicione activamente en contra. Hay que mejorar los
mecanismos legales de prevención, protección, rescate y recuperación de
las víctimas, e invertir fuertemente en recursos. El llamado Primer Mundo
debe luchar para acabar con la demanda, ya que si no existiera la demanda,
no existiría la oferta en el Tercer Mundo". |