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DIRECTORIO DE VOCACIONES
LA PERSEVERANCIA EN LA VOCACIÓN
65.
La vocación al estado religioso puede considerarse como la perla preciosa del
Evangelio que debemos guardar con gran celo y con la mayor diligencia. San
Alfonso ponía tres medios para no perderla, y son: secreto, oración y
recogimiento.
'Ante todo, hablando en general, es necesario que la vocación se tenga
secreta a todos, excepto al director espiritual, porque los demás,
ordinariamente, no sienten escrúpulo de decir a los jóvenes llamados al estado
religioso que en todas partes, y aún en el mundo, se puede servir a Dios '[61].
66.
'Hay que tener presente que las vocaciones se conservan sólo con la oración.
El que deja la oración dejará ciertamente la vocación; es necesario orar, y orar
mucho; por esto, además de hacer media hora de oración por la mañana y por la
tarde, hágase irremisiblemente todos los días la visita al Santísimo Sacramento
y a María Santísima, para obtener la perseverancia en la vocación, y no deje el
religioso de comulgar varias veces. Medite a menudo sobre la vocación,
considerando cuán grande es el favor que Dios le ha hecho llamándole a sí.
Cuanto más fiel se conserve en seguirla, tanto más segura tendrá su salvación
eterna; por el contrario, ¡cuán grande es el peligro de condenarse a que se
expone si es infiel!
67.
'En tercer lugar es indispensable el recogimiento, y éste no se podrá
alcanzar sin el alejamiento de las conversaciones del mundo. ¿Qué se requiere en
el siglo para perder la vocación? Nada; bastará un día de recreo, un dicho de un
amigo, una pasión poco mortificada, una aficioncilla, un pensamiento de temor,
un disgusto no reprimido. El que no abandona estos pasatiempos debe estar
covencido de que indudablemente perderá la vocación. Quedará con el
remordimiento de no haberla seguido pero seguramente no la seguirá'. Hasta aquí
San Alfonso, doctor de la Iglesia.
La perseverancia en la vocación es una gracia que debemos saber pedir y cuidar
diariamente; y jamás abandonar los medios que estén a nuestro alcance para
preservar este tesoro de los enemigos del alma.
68.
Como perseverar en la santa vocación se identifica, de alguna manera, con el
perseverar en el bien, y más particularmente, con la perseverancia final, nos
parece conveniente poner en este directorio las principales ideas respecto a
esta última.
69.
La persverancia perfecta o final exige un auxilio especial de Dios, que no es
otra cosa que una moción de Dios que conserva la gracia y la preserva de todos
los peligros y tentaciones. El elemento formal de la final perseverancia es la
unión del estado de gracia con la muerte.
70.
La perseverancia final es efecto propio y exclusivo de la divina predestinación,
por la que ciertísimamente se salvan todos cuantos se salvan. La predestinación
es una especialísima providencia de Dios sobre todos y sólo los predestinados,
que nace de aquel especialísimo amor de predilección por el que elige a los
predestinados.
71.
De ahí que sea evidente que la perseverancia final es efecto de una gracia
especialísima de Dios, que consiste en: un auxilio actual especialísimo y una
singularísima protección externa de Dios, en orden a que coincidan el estado de
gracia con el momento de la muerte.
72.
Se enseña en la Sagrada Escritura: Fue arrebatado porque la maldad no
pervirtiese su inteligencia y el engaño no extraviase su alma (Sab 4,11).
Pues su alma era grata al Señor; por esto de dio prisa a sacarle en medio de la
maldad (Sab 4,14). Velad pues, porque no sabéis ni el día ni la hora
(Mt 25,13).
73.
El Concilio II de Orange ha definido: 'Los santos y los justos deben siempre
implorar el auxilio de Dios a fin de que puedan llegar al buen fin y perseverar
en el bien obrar'[62].
Y el Concilio de Trento llama a la perseverancia final el gran don[63],
que sólo Dios puede conceder[64].
Por eso se enseña: 'Si alguno dijere que el justificado puede sin especial
auxilio de Dios perseverar en la justicia recibida o que con él no puede, sea
anatema'[65].
74.
La perseverancia final no puede ser merecida de condigno ni de congruo
propiamente dicho, por eso se enseña: El que está de pie cuide de no caer
(I Cor 4,4). Así pues, queridos míos, de la misma manera que habéis
obedecido siempre, no sólo cuando estaba presente, sino mucho más ahora que
estoy ausente, trabajad con temor y temblor por vuestra salvación, pues Dios es
el que obra en vosotros el querer y el obrar, como bien le parece (Flp
2,12-13).
75.
Dios es libérrimo según aquello de amé a Jacob y odié a Esaú (Rom 9,13) y
tendré misericordia de quien tenga misericordia y tendré compasión de quien
tenga compasión...no es de quien quiere ni del que corre, sino de Dios, que
tiene misericordia...así que tiene misericordia de quien quiere y a quien quiere
le endurece (Rom 9,15-18). Firmemente convencido de que quien inició en
vosotros la buena obra, la irá consumando hasta el día de Cristo Jesús (Flp
1,6). El cominenzo como el término de la buena obra viene de Dios. Es un don
gratuito.
76.
El Concilio de Trento al respecto enseña claramente tres cosas:
1º La perseverancia final depende única y exclusivamente de Dios;
2º es el don por antonomasia 'magnum donum'[66];
3º no se enumera entre los objetos de mérito de los justos, más bien siempre se
añade: 'sí, con tal de que se.muera en gracia'[67].
77.
La gracia de la perseverancia final puede y debe pedirse humildemente de Dios
para uno mismo o para los demás, pero no de modo infalible. El Concilio
Araucisano II enseña que: 'la ayuda de Dios debe ser implorada por todos los
justificados para poder perseverar en el bien y llegar al puerto de la
salvación'[68].
Pero esta oración no es infalible, porque una de las condiciones que exige la
oración para ser infalible es la perseverancia en el orar. En este sentido la
perseverancia debe ser el principio de la oración perseverante, no el término u
objeto obtenido por ella.
78.
Así como análogamente vale esta doctrina acerca de la perseverancia final para
la perseverancia en la vocación consagrada, así análogamente vale para que toda
Congregación religiosa persevere en el buen espíritu y no degenere en
relajación. Siempre hay que rezar mucho impetrando de Dios la gracia de la
perseverancia en el bien, en la fe, en la caridad, en la vocación, en el final,
para cada uno de nosotros, para nuestros hermanos en religión, para los hermanos
en la fe, para todos los hombres y mujeres de buena voluntad, porque siempre
será verdad que 'a muchos se da la gracia a los cuales no se concede perseverar
en ella'[69].
[61]
San Alfonso María de Ligorio, cit. por OF, p.646.
[62] Dz 183.
[63] Ibidem,
826.
[64] Ibidem,
806.
[65] Ibidem,
832.
[66] Ibidem,
826.
[67] Ibidem,
809.842.
[68] Ibidem,
183.
[69] S.Th.
I-II,109,10.
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